LA REVISTA QUE SALVA AL HOMBRE

Se acercan las vacaciones y, tal vez, con ellas algún vuelo a un destino paradisiaco y lejano. ¿Es de los que se sienten intranquilos en un vuelo? ¿Le asustan las turbulencias? ¿No está cómodo en un avión? ¿Necesita tomarse un whisky para relajarse? Quizás padezca aerofobia o miedo a volar pero tranquilo, no es una situación que no pueda superarse.


Seamos machos, hablemos del miedo al avión”, tituló a finales de 1980 el grandioso Gabriel García Márquez un artículo ligado a nuestro predicamento. ¿Pensaba que eras el único al que le sudaban las manos o tenía taquicardias cuando de repente, en pleno vuelo, había turbulencias? ¿Creía que lo de no dormir bien la noche antes del vuelo era solo cosa suya? Desengáñece: el miedo a volar o aerofobia es más común de lo que piensa pero, como es habitual, uno no se dedica a airear en público sus temores. El fallecido Oscar Niemeyer, popular arquitecto brasileño, sentía pánico a los aviones. Tampoco le gusta volar al durísimo y rudo (al menos en las películas) Bruce Willis, al cantante Lenny Krawitz, a Aretha Franklin, Megan Fox, Cher, Lars Von Trier… Y así podríamos seguir eternamente con la lista, porque este problema afecta a personas de perfiles muy diversos y a un gran porcentaje de la población mundial: un 25 por ciento siente este temor y un 12 por ciento tendría fobia a volar.
Este miedo puede ser muy frustrante, más aún si eres un ejecutivo que se ve obligado a tomar varios vuelos al mes. Pero no se preocupe, porque este problema tiene una solución bastante sencilla: el miedo a volar se pierde volando.
Vayamos por partes. ¿Qué genera este miedo repentino, irracional y que, de no tratarse, únicamente va en aumento? Nadie sabe a ciencia cierta qué desencadena este tipo de pánico, que puede tener diversos grados: desde una intranquilidad incómoda a verdadero temor a subirse en un avión. Hay personas que lo han tenido toda su vida; en otras, comienza de repente sin que exista de por medio alguna experiencia trágica en un vuelo. “Suele aparecer después de emociones intensas, de momentos vitales importantes, como una muerte, un accidente, pero también un nacimiento, cosas tanto positivas como negativas”, aclara la psicóloga Luisa Martín, quien durante años impartió el curso de perder el miedo a volar de la compañía Iberia. “En mujeres se da mucho después de haber tenido hijos”, comenta por su parte el comandante de Air Europa y psicólogo especializado en fobias, Alfonso de Bertodano.

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Hay estudios que aseguran que la mitad de los pasajeros de un avión tendría miedo a volar, cada uno en un grado diferente. En general, los datos son poco precisos, se mueven en un rango muy amplio. Los hay que hablan de entre el 10% y el 40% de la población general en países industrializados. Otros informes señalan que un 25% de la población presenta miedo cuando vuela y que el porcentaje de personas que se pueden considerar fóbicas es del 10%, según datos del artículo “Prevalencia, dimensiones y vías de adquisición en el miedo a volar en avión”, publicado en la Revista de psicopatología y psicología clínica. Las causas del temor, además, son muy diversas: que se apaguen los motores en pleno vuelo, que el avión se caiga, despegar o aterrizar, los ruidos, los rayos, la altura, etc. Pero eso sí, las turbulencias ocupan la primera posición del ranking.
La turbulencia, esa que nos hace sentir como si estuviéramos en una montaña rusa en nuestro asiento, no es más que el fenómeno que se produce cuando una masa de aire se mueve en dirección contraria a la masa de aire adyacente; dicho de otra manera, es cuando el viento cambia la dirección o la fuerza con la que se mueve. “En esta fobia el componente cognitivo es muy importante, más que en otras, porque la técnica de la aeronáutica es muy compleja y hay mucho desconocimiento”, comenta Martín. Ese elemento cognitivo explica las dudas persistentes y que nos cueste creer en las estadísticas; los datos duros que indican que el avión es el medio de transporte más seguro del mundo. Debido a esto es que en los cursos para combatir el miedo a volar, se empleen horas explicando cómo es un avión, los principios de la física que hacen posible el vuelo, los sistemas de seguridad, el mantenimiento de los aparatos, etc.
Son varias las compañías aéreas en todo el mundo que ofrecen estos cursos, entre ellas British Airways, Air Europa, Air France y American Airlines. Habitualmente, los cursos (que tienen una duración de uno o dos días) se componen de clases teóricas sobre aeronáutica, técnicas de control y psicología; así como de una parte práctica: un vuelo real (en realidad dos, porque suelen ser ida y vuelta), donde se pone en práctica lo aprendido durante el curso teórico.
No son talleres económicos (rondan los tres millones de pesos), pero sí efectivos. “En los cursos se les da un plan a seguir en caso de suscitarse un ataque de pánico: dar salida a la ansiedad, en lugar de retenerla; pensar en positivo, distraerse con lo que les guste…”, comenta la psicóloga. Hay quien piensa que el alcohol puede ayudar en los momentos de ansiedad, ¿en verdad lo hace? “El alcohol no es un relajante, produce incluso más ansiedad. Respecto a pastillas, si se toman bajo supervisión médica, no hay ningún inconveniente; el problema es que mucha gente las toma porque se las recomendó un amigo”, explica.

Tras las horas teóricas, en las que el público asistente al curso suele transmitir sus dudas y temores, llega el momento de la verdad: subirse al avión. En el curso de Air Europa son varios los profesionales implicados: el comandante que lo imparte (que es a su vez un psicólogo), controladores aéreos, azafatas, técnicos encargados de las averías, etc. Alfonso de Bertodano, comandante que imparte el curso de Air Europa, acompaña en el vuelo a los alumnos. “Los que tienen miedo siempre suelen pensar lo peor, para contrarrestarlo les explicamos nuestros protocolos. Un vuelo puede estar retrasado por un problema técnico, por ejemplo, y este no tiene por qué ser grave; puede ser simplemente que los dos baños estén estropeados”, cuenta el piloto. En los vuelos del curso ponen en práctica lo aprendido en la clase teórica. “Les ayudamos a controlar los pensamientos negativos, usamos técnicas de bio feedback, como medir el pulso y la saturación de oxígeno”, continúa De Bertodano.
Por su curso, que lleva impartiéndose desde 2013, han pasado más de 200 personas (ofrecen cursos individuales, grupales con un máximo de diez personas y para empresas; siendo los grupales los más demandados). “Este miedo lo puede tener cualquiera, por nuestro curso han pasado aristócratas, abogados, tatuadores, ingenieros industriales… de todo”, comenta el experto.
Tras el curso se les hace un seguimiento, para ver la evolución del “paciente”. Pueden darse recaídas, sobre todo si se tarda en volar después, o si no se pone en práctica lo aprendido. A su vez, el curso aumenta su demanda cuando hay accidentes aéreos. “Ten en cuenta que la gente que padece este miedo necesita confirmar que tienen razón y así, cuando hay un accidente, se dicen ‘¿ves?, yo tenía razón’, aunque las estadísticas demuestren que hay muchos más accidentes de automóviles que de aviones. Además, la prensa es siempre muy sensacionalista con estos temas, que suelen salir en portadas varios días”, puntualiza el instructor.
El piloto afirma que una de las mayores satisfacciones del curso es ver cómo los alumnos vencen el miedo y recuperan la autoestima. Y es que valiente no es aquel que no tiene miedo, sino el que sabe enfrentarse a él. Así que tome nota la próxima vez que se encuentre entre nubes de algodón.

Distraiga el miedo:

Aparte de mantenerse ocupado con libros, música o películas (afortunadamente, en el programa de entretenimiento del avión no se ofrece ninguna de desastres aéreos), existen otras opciones. Por ejemplo, British Airways incorporó un video en sus vuelos con la finalidad de calmar los ánimos del pasajero. El protagonista es un comandante que explica, con voz tranquilizadora, el entrenamiento y los exámenes a los que se someten periódicamente los pilotos. En Europa, por ley, los pilotos deben pasar dos veces al año por el simulador para entrenar todo tipo de situaciones. Algunas compañías, como Air Europa, incrementan las veces de uso del simulador.

Para los amantes de la tecnología existe una aplicación de nombre Fear of flying app, diseñada por la Fundación Valk (fruto de la colaboración entre la compañía KLM y la Universidad de Leiden), y disponible tanto para iPhone como para iPad. La herramienta, que puede usarse en “modo avión”, explica nociones de aerodinámica, seguridad, origen de las turbulencias y describe los sonidos que se producen durante el despegue, vuelo y aterrizaje. Además, proporciona estadísticas (los datos duros son uno de los mejores soportes para luchar contra los miedos irracionales).

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