LA REVISTA QUE SALVA AL HOMBRE
El coleccionista

José Darío Gutiérrez, antioqueño, 56 años, reacio a dar entrevistas. Tiene la que, según muchos, es la mejor colección de arte colombiano. –Por Andrés Arias 


Página

Pero él lo sabe. “Voy a muy pocas inauguraciones de exposiciones, solamente a las de creadores o galeristas muy cercanos, para evitar la incomodidad de que me quieran presentar gente, tomarme fotos y meterme una obra a la brava. No soy grosero, ni de mal genio, pero creo que con mi actitud se dan cuenta de que me hacen sentir incómodo, y me preocupa sobre todo el artista: que se haya sentido mal con la cara que yo hice. Esa noche no duermo”.

Muchos aún no lo conocen. Pero los que saben quién es, lo siguen con la mirada mientras él visita la exposición. Tienen claro que si se detiene ante una pintura, una escultura o una fotografía, o si pregunta algo sobre ella, por algo será. Dos artistas me contaron casi la misma anécdota: él se interesó por la obra de ellos en una muestra y de inmediato otra persona se les acercó diciéndoles algo más o menos así: “Me gusta su trabajo. Quiero una obra exactamente igual a la que a él le gustó”. En esta ocasión no sucede mayor cosa. Gutiérrez da una mirada rápida y se va.

TRAS DECIDIR QUE SE TOMARÍA 2014 COMO 

un año sabático, sintió pánico de imaginarse a las doce del día sentado en la sala, oyendo a lo lejos el zumbido de las ollas y escuchando la voz de la muchacha: “Don José Darío, levante por favor los pies, que voy a pasar la aspiradora”. Sabía que tenía muchos proyectos encima, pero también que le sobraba tiempo, que podía hacer más. 

“Entonces, como de los cielos, me cayó una llamada. Unos muchachos estaban organizando una casa de subastas y necesitaban un músculo financiero. Me dio cierto resquemor, porque era empezar a jugar del otro lado, pero al final les dije que sí, pensando no solo en estar ocupado, sino también que en Colombia nadie sabe los precios del arte, todo el mundo pone un precio diferente: uno realmente no sabe cuánto vale un Obregón de tal tamaño y de tal época; el precio varía locamente. Es más, esa es una de las razones por las que hay tan pocos artistas colombianos en subastas internacionales: las casas de subastas no saben cuánto pedir por esas obras. La idea principal con este proyecto es regular los precios”.

“Bogotá Auctions” ha organizado dos subastas. Pero la idea es que sean seis al año (y no solo de arte, también de antigüedades). La más reciente fue el pasado 26 de junio, en el Museo El Chicó. Mientras en el atestado salón el martillo remataba obras de Negret, Wiedemann, Manzur, Lorenzo Jaramillo y todos los grandes, afuera, en el patio de la casona, alguien comentaba que, si bien estas subastas ayudarían a saber cuáles eran los precios reales de cada pieza, también eran la oportunidad perfecta para que Gutiérrez encontrara nuevas obras para su colección, pujando a través de terceros. 

Claro, es que no a todo el mundo le gusta la idea. Mauricio Gómez Jaramillo, dueño de la Galería 12:00 y uno de los mejores amigos de Gutiérrez, dice: “Ya en el ambiente de los galeristas se comenta que, con lo de las subastas, él se nos está convirtiendo en competencia, porque en últimas se está metiendo en nuestro negocio. ¿Qué opino yo? Bueno, que mientras más competencia, mejor”. 

EN EL CLUB EL NOGAL, VICKY ME DICE: 

“La colección es algo muy suyo. Cuando Valentina o yo le recomendamos la obra de un artista, nos responde, en chiste, que la compremos para nosotras, que ya es hora de que tengamos nuestra propia colección… A veces, cuando estamos viendo una buena película en el cuarto, de pronto se levanta. Le pregunto para dónde va y me dice que quiere ir a dar una vuelta por su colección, que eso lo hace más feliz que la película”. 

Que eso lo hace más feliz que, casi, cualquier cosa. 

Página
CATEGORÍAS
Edición Actual
Síganos
¿Nos busca? Aquí nos encuentra
© 2012 Todos los derechos reservados | Diseñado por OMEGA WEB SYSTEMS